Hace ya bastantes años que mis padres, decididos a que su hija reforzara esas clases de inglés que justo habían empezado en el colegio, y que tan importantes eran según la profesora, me matricularon en una pequeña academia de la calle Cantabria: Wellington House. Aquellas clases, que al principio iban a ser un refuerzo se convirtieron en el verdadero motor del aprendizaje de una lengua, que conllevó consigo muchas más cosas: obtención de títulos oficiales que iban llenando un currículo cada vez más exigente en el apartado de lenguas, capacidad de viajar sin temor a no ser capaz de defenderme yo sola, en países de habla inglesa u otros, y sobretodo la sensación de ser capaz de expresarme de forma natural en una lengua que no era la mía.Han cambiado cosas desde entonces, pero sigo en contacto con la academia, donde más tarde estudié alemán, y puedo asegurar que su rasgo esencial, la preocupación de ofrecer al alumno un servicio de calidad, es algo que afortunadamente todavía está presente y permite poder seguir confiando en Wellington House como un centro de enseñanza de calidad.
Mireia Sangüesa Fernández. Trabajadora Social.